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esterdus

Ester Dus

Director at @devicers & @bol_house
Head Coach at @brotherbarcelona
Open for commissions 📩
📍Barcelona
🌚@ester.dus

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Breaking the Mold 💜
For a long time, we’ve been told that success looks like a specific shape. We’ve been asked to be different, to adjust, and to adapt ourselves to fit into structures that were not built to hold us.

This March 8th, the women of BOL map that pressure into a loop. A visual conversation between @eldabroglio ‘s organic pulse and @esterdus ‘s geometric cage. It is a dance of resistance, an uneasy navigation, and a refusal to remain contained.

Directed by Elda Broglio & Ester Dus
Produced by BOL Creative Production House

Creative Director: Elda Broglio & Ester Dus
Art Director: Elda Broglio
Producer: @inesperesmesquita
Animation & Clean Up: @virfillol & @guadalupe.vyleta
Compositing: Ester Dus
Music & Sound design: @ana___rama

#bolhouse #BreakingTheMold #IWD2026 #InternationalWomensDay #womeninanimation


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36
2 months ago


New year. Full speed ❄️⚡

Another fresh lap through Oysho Lodge;cutdowns packed with speed, snow and handcrafted detail.

We’re looking to keep the same energy all year round ❤️‍🔥

-
#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories


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3 months ago

New year. Full speed ❄️⚡

Another fresh lap through Oysho Lodge;cutdowns packed with speed, snow and handcrafted detail.

We’re looking to keep the same energy all year round ❤️‍🔥

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#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories


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New year. Full speed ❄️⚡

Another fresh lap through Oysho Lodge;cutdowns packed with speed, snow and handcrafted detail.

We’re looking to keep the same energy all year round ❤️‍🔥

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#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories


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New year. Full speed ❄️⚡

Another fresh lap through Oysho Lodge;cutdowns packed with speed, snow and handcrafted detail.

We’re looking to keep the same energy all year round ❤️‍🔥

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#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories


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3 months ago

The Winter We Built: Behind Oysho Lodge ❄️🧶⛷️

Oysho Lodge started as a simple brief: a shared run between two friends and a dog... and turned into a miniature ski world built by hand, packed with action shots, POV moves, super-zooms and close-ups where you can literally see the fibre working.

🎬 Swipe through the BTS and see how much work fits inside a few seconds of snow.

-
#BOL #oysho #christmas2025 #stopmotion #craftedstories


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12
4 months ago

Snow, Speed & Strong Women - but make it handcrafted! ❄️⛷️

Produced by BOL, directed by Device, and brought to life in needle-felted stop motion by Pangur Animation, Oysho Lodge is a ski story told up close: two friends, one playful chase, and Bruno the Saint Bernard leading the way back to the lodge. A film that blends sports-film energy and tactile craft. 🐶

Some winter stories deserve to be felt, both figuratively and literally 🤪

Lots of love to the team who made it possible. Enjoy the holidays!

Client: @oysho
Directed by Device

Produced by BOL Creative Production House
EP: @llibertf
Creative Direction: @esterdus
Head of Production : @venturaxvictoria
Producer: @_maikidd_

Directed by Device
Director: @esterdus
Storyboard: @storyofnya
Art Direction: Director: @esterdus
2D Illustrators: Eudald Salarich, @inot_alas
Compositing: @esterdus
Color Grading: Lluis Vellamazán

Stop-Motion: @pangur_animation_studio
Animation Director: @vicentemallols_animation
Director of Photography: @isabel_de_la_torre_es
Production Pangur Animation: @leticiamontalva
Model Makers:Lucía Martínez Planells, @holalumartinez, @merbetor
Vestuario: @merbetor
Set Construction: @ivanmadolell, @luisvazquezmoya
Animators: nurnuria , @pazdelcarre
Composition: @vicentemallols_animation

Music & Sound Design: @facundocapece

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#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories


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27
4 months ago

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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21
4 months ago


Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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21
4 months ago

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

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A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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21
4 months ago


Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵


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Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.

A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.

Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.

Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.

Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.

Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.

Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.

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4 months ago

💐
Yo: no publico nunca
Yo también: por qué no publicar dos veces en un día


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10 months ago

💐
Yo: no publico nunca
Yo también: por qué no publicar dos veces en un día


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1
10 months ago

💐
Yo: no publico nunca
Yo también: por qué no publicar dos veces en un día


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1
10 months ago

Last November I traveled to NYC, where I caught up with lovely friends and family.
I got a sketchbook, and drew some scenes. It had been ages since I last sketched ❤️‍🩹 and even more since I shared anything here.
Big thanks to @bbyb0ix @laura_vonderheyde and @hardwerk for those days ❤️


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8
1 years ago

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8
1 years ago

Thrilled to share the latest project I directed for @oysho at @devicers x @bol_house! 🌟 Really proud with the result and foremost super happy to have work with this amazing team.

Wishing a great Year of the Dragon to everyone 🐉❤️

Kudos to the crew!

Client: @oysho

Produced by BOL
EP: @marcellobuselli
HoP: @venturaxvictoria
Production Assistant: @_annaguilera

Directed by @devicers
Creative Director: @polsola
Director: @esterdus.aep
Art Director: Eudald Salarich
Additional Illustration: @marcstuart
Storyboard: @esterdus.aep
Animatic: @leocampasso
Animation: @abacaf, @stefanescubujor, @ezequiel_tano
Clean Up: @danielsoms, @julicul_2d, @kakumi__
Compositing: @esterdus.aep
Music, sound design & mastering: @facundocapece

-
#animation #2D #2danimation #sports #cellanimation#framebyframe #devicers #devicestudio #bolhouse


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18
2 years ago

Absolutely thrilled to have brought this culinary maestro to life for @olssonbarbieri with the fantastic illustrations by @gabineteexquisito 👨🏻‍🍳.
Meet @kokkeloren.no, the brand behind the chef!


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2 years ago

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Meet @kokkeloren.no, the brand behind the chef!


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2 years ago

Me and Lili 🥹 by @alba_prado 🖍️ @peeeeeeeeeets


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7
3 years ago

🌺


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8
3 years ago

🏟

Creative direction by @requena.office para
@tesansisans


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6
3 years ago


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