Ester Dus
Director at @devicers & @bol_house
Head Coach at @brotherbarcelona
Open for commissions 📩
📍Barcelona
🌚@ester.dus
Breaking the Mold 💜
For a long time, we’ve been told that success looks like a specific shape. We’ve been asked to be different, to adjust, and to adapt ourselves to fit into structures that were not built to hold us.
This March 8th, the women of BOL map that pressure into a loop. A visual conversation between @eldabroglio ‘s organic pulse and @esterdus ‘s geometric cage. It is a dance of resistance, an uneasy navigation, and a refusal to remain contained.
Directed by Elda Broglio & Ester Dus
Produced by BOL Creative Production House
Creative Director: Elda Broglio & Ester Dus
Art Director: Elda Broglio
Producer: @inesperesmesquita
Animation & Clean Up: @virfillol & @guadalupe.vyleta
Compositing: Ester Dus
Music & Sound design: @ana___rama
#bolhouse #BreakingTheMold #IWD2026 #InternationalWomensDay #womeninanimation
New year. Full speed ❄️⚡
Another fresh lap through Oysho Lodge;cutdowns packed with speed, snow and handcrafted detail.
We’re looking to keep the same energy all year round ❤️🔥
-
#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories
New year. Full speed ❄️⚡
Another fresh lap through Oysho Lodge;cutdowns packed with speed, snow and handcrafted detail.
We’re looking to keep the same energy all year round ❤️🔥
-
#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories
New year. Full speed ❄️⚡
Another fresh lap through Oysho Lodge;cutdowns packed with speed, snow and handcrafted detail.
We’re looking to keep the same energy all year round ❤️🔥
-
#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories
New year. Full speed ❄️⚡
Another fresh lap through Oysho Lodge;cutdowns packed with speed, snow and handcrafted detail.
We’re looking to keep the same energy all year round ❤️🔥
-
#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories
The Winter We Built: Behind Oysho Lodge ❄️🧶⛷️
Oysho Lodge started as a simple brief: a shared run between two friends and a dog... and turned into a miniature ski world built by hand, packed with action shots, POV moves, super-zooms and close-ups where you can literally see the fibre working.
🎬 Swipe through the BTS and see how much work fits inside a few seconds of snow.
-
#BOL #oysho #christmas2025 #stopmotion #craftedstories
Snow, Speed & Strong Women - but make it handcrafted! ❄️⛷️
Produced by BOL, directed by Device, and brought to life in needle-felted stop motion by Pangur Animation, Oysho Lodge is a ski story told up close: two friends, one playful chase, and Bruno the Saint Bernard leading the way back to the lodge. A film that blends sports-film energy and tactile craft. 🐶
Some winter stories deserve to be felt, both figuratively and literally 🤪
Lots of love to the team who made it possible. Enjoy the holidays!
Client: @oysho
Directed by Device
Produced by BOL Creative Production House
EP: @llibertf
Creative Direction: @esterdus
Head of Production : @venturaxvictoria
Producer: @_maikidd_
Directed by Device
Director: @esterdus
Storyboard: @storyofnya
Art Direction: Director: @esterdus
2D Illustrators: Eudald Salarich, @inot_alas
Compositing: @esterdus
Color Grading: Lluis Vellamazán
Stop-Motion: @pangur_animation_studio
Animation Director: @vicentemallols_animation
Director of Photography: @isabel_de_la_torre_es
Production Pangur Animation: @leticiamontalva
Model Makers:Lucía Martínez Planells, @holalumartinez, @merbetor
Vestuario: @merbetor
Set Construction: @ivanmadolell, @luisvazquezmoya
Animators: nurnuria , @pazdelcarre
Composition: @vicentemallols_animation
Music & Sound Design: @facundocapece
-
#BOL #Oysho #Christmas2025 #StopMotion #CraftedStories

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵
Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵
Quienes están cerca saben que ha sido un año muy duro para mí.
A veces lo imagino como entrar en una habitación que parece la de siempre, pero no lo es. En la que reconoces los objetos, las formas, el olor, pero algo ha cambiado. Los objetos no están como los dejaste, tienen una forma sutilmente distinta y algunos están agrietados. El suelo de cerámica se vuelve inestable y suena como cuando las baldosas se despegan. Las paredes se transforman en espejos en los que te ves distorsionada, en uno te ves pequeña y débil, en otro se amplían tus defectos, y en otro simplemente no te reconoces.
Te sientes perdida, desorientada, en una habitación de espejismos que cada vez se hace más y más pequeña. Hasta que rompes uno de ellos porque sientes que no hay otra salida posible y de repente estás en una caída libre. No ves nada. Como cuando hay tanto viento que te hace llorar. El aire es afilado y sientes lágrimas frías en la cara.
Y entonces empiezas a entreabrir los ojos. Descifras brazos, rostros conocidos. Personas que te ayudan a frenar la caída a veces con palabras, a veces con un abrazo, con unas flores, con un chocolatito o con un vermut. Esos brazos, esos rostros, son capaces de teletransportarte a otros lugares donde no hay viento, sino música, focos, un concierto inesperado, un restaurante rico, un partido de fútbol, un gimnasio con spa.
Y de repente vuelve el frío en la cara. No pasa nada. Esta vez es más suave. Ya no duele tanto, ahora te acaricia y notas tus lágrimas secas, tirantes en tu piel. Mientras caes, sientes que cada persona te ofrece un amor que no has pedido, pero que necesitabas y que llega de formas distintas y preciosas, y gracias a eso, les conoces más a ellos y te conoces más a ti.
Y en algún punto de la caída, ya no sabes si estás cayendo, frenando o incluso subiendo.
Gracias a todas las amigas, amigos y familia que han estado ahí este año, y a Gilda, que llegó cuando más necesitaba tener un motivo para despertarme, para salir de casa, para cuidar y cuidarme.
El año que viene quiero estar a vuestra altura 🩵

💐
Yo: no publico nunca
Yo también: por qué no publicar dos veces en un día

💐
Yo: no publico nunca
Yo también: por qué no publicar dos veces en un día

💐
Yo: no publico nunca
Yo también: por qué no publicar dos veces en un día
Last November I traveled to NYC, where I caught up with lovely friends and family.
I got a sketchbook, and drew some scenes. It had been ages since I last sketched ❤️🩹 and even more since I shared anything here.
Big thanks to @bbyb0ix @laura_vonderheyde and @hardwerk for those days ❤️

Last November I traveled to NYC, where I caught up with lovely friends and family.
I got a sketchbook, and drew some scenes. It had been ages since I last sketched ❤️🩹 and even more since I shared anything here.
Big thanks to @bbyb0ix @laura_vonderheyde and @hardwerk for those days ❤️

Last November I traveled to NYC, where I caught up with lovely friends and family.
I got a sketchbook, and drew some scenes. It had been ages since I last sketched ❤️🩹 and even more since I shared anything here.
Big thanks to @bbyb0ix @laura_vonderheyde and @hardwerk for those days ❤️

Last November I traveled to NYC, where I caught up with lovely friends and family.
I got a sketchbook, and drew some scenes. It had been ages since I last sketched ❤️🩹 and even more since I shared anything here.
Big thanks to @bbyb0ix @laura_vonderheyde and @hardwerk for those days ❤️
Thrilled to share the latest project I directed for @oysho at @devicers x @bol_house! 🌟 Really proud with the result and foremost super happy to have work with this amazing team.
Wishing a great Year of the Dragon to everyone 🐉❤️
Kudos to the crew!
Client: @oysho
Produced by BOL
EP: @marcellobuselli
HoP: @venturaxvictoria
Production Assistant: @_annaguilera
Directed by @devicers
Creative Director: @polsola
Director: @esterdus.aep
Art Director: Eudald Salarich
Additional Illustration: @marcstuart
Storyboard: @esterdus.aep
Animatic: @leocampasso
Animation: @abacaf, @stefanescubujor, @ezequiel_tano
Clean Up: @danielsoms, @julicul_2d, @kakumi__
Compositing: @esterdus.aep
Music, sound design & mastering: @facundocapece
-
#animation #2D #2danimation #sports #cellanimation#framebyframe #devicers #devicestudio #bolhouse
Absolutely thrilled to have brought this culinary maestro to life for @olssonbarbieri with the fantastic illustrations by @gabineteexquisito 👨🏻🍳.
Meet @kokkeloren.no, the brand behind the chef!
Absolutely thrilled to have brought this culinary maestro to life for @olssonbarbieri with the fantastic illustrations by @gabineteexquisito 👨🏻🍳.
Meet @kokkeloren.no, the brand behind the chef!
Absolutely thrilled to have brought this culinary maestro to life for @olssonbarbieri with the fantastic illustrations by @gabineteexquisito 👨🏻🍳.
Meet @kokkeloren.no, the brand behind the chef!
Absolutely thrilled to have brought this culinary maestro to life for @olssonbarbieri with the fantastic illustrations by @gabineteexquisito 👨🏻🍳.
Meet @kokkeloren.no, the brand behind the chef!
Absolutely thrilled to have brought this culinary maestro to life for @olssonbarbieri with the fantastic illustrations by @gabineteexquisito 👨🏻🍳.
Meet @kokkeloren.no, the brand behind the chef!
Instagramストーリービューアは、Instagramストーリー、動画、写真、またはIGTVを秘密に見たり保存したりできる簡単なツールです。このサービスを使用すると、コンテンツをダウンロードして、いつでもオフラインで楽しむことができます。Instagramで後でチェックしたいものを見つけた場合や、匿名でストーリーを見たい場合、このビューアは最適です。Anonstoriesは、あなたの身元を隠すための優れたソリューションを提供します。Instagramは2023年8月にストーリー機能を導入し、すぐに他のプラットフォームでも採用されました。このフォーマットは魅力的で、時間に敏感なため、ユーザーが写真、動画、または自撮りをテキスト、絵文字、またはフィルターで強化して、24時間限定で公開することができます。この限られた時間枠は、通常の投稿に比べて高いエンゲージメントを生み出します。今日の世界では、ストーリーはソーシャルメディアでつながり、コミュニケーションをとる最も人気のある方法の1つです。しかし、ストーリーを視聴すると、作成者は自分の名前を視聴者リストに見ることができ、プライバシーの懸念があります。もしストーリーを目立たずに閲覧したい場合、ここでAnonstoriesが役立ちます。これを使うことで、自分の身元を明かさずにInstagramのコンテンツを視聴できます。単に調べたいプロファイルのユーザー名を入力すると、その人の最新のストーリーが表示されます。Anonstoriesビューアの特徴:- 匿名閲覧:視聴リストに名前が表示されずにストーリーを視聴 - アカウント不要:Instagramのアカウントにサインインせずに公開コンテンツを視聴 - コンテンツダウンロード:ストーリーコンテンツを直接デバイスに保存してオフラインで使用 - ハイライト視聴:24時間を過ぎてもInstagramのハイライトにアクセス - リポストモニタリング:個人プロファイルのストーリーに対するリポストやエンゲージメントのレベルを追跡 制限事項:- このツールは公開アカウントでのみ動作し、非公開アカウントはアクセスできません。 利点:- プライバシー保護:Instagramのコンテンツを匿名で閲覧可能 - シンプルで簡単:アプリのインストールや登録は不要 - 独自のツール:Instagramが提供していない方法でコンテンツをダウンロードおよび管理可能
Instagramの更新をプライバシーを守りつつ、匿名で追跡できます。
プライベートプロファイルビューアを使用して、プロフィールと写真を簡単に匿名で閲覧できます。
この無料ツールでInstagramストーリーを匿名で閲覧でき、アクティビティがストーリーアップローダーに知られることはありません。
Anonstoriesを使用すると、作成者に通知されることなくInstagramストーリーを閲覧できます。
iOS、Android、Windows、macOS、ChromeやSafariなどの最新のブラウザで問題なく動作します。
ログイン情報なしで、安全かつ匿名で閲覧できます。
ユーザーは、ユーザー名を入力するだけで公開ストーリーを閲覧可能—アカウント登録は不要です。
写真(JPEG)と動画(MP4)を簡単にダウンロードできます。
サービスは無料で利用できます。
非公開アカウントのコンテンツはフォロワーのみがアクセスできます。
ファイルは個人または教育目的でのみ使用し、著作権法を遵守する必要があります。
公開ユーザー名を入力して、ストーリーを閲覧またはダウンロードします。サービスはコンテンツをローカルに保存するための直接リンクを生成します。